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5 de Septiembre de 2010

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Mateo Valero ha sido nombrado Ingeniero de Telecomunicación Español del 2004.
- CULTURA - Fecha Publicación 25/01/05
"Cuando me jubile me gustaría volver a vivir en Alfamén"

 

Qué supone para usted haber sido reconocido como mejor ingeniero del 2004?

Me hace mucha ilusión, aunque el reconocimiento debería hacerse a todo un equipo de investigación. Es normal que se reconozca a una persona sólo, pero me parece un poco injusto. Lo importante para mí, en este caso, es que normalmente este premio se concede a ingenieros relacionados con la empresa o la política, y considero que al dármelo a mí este año se está reconociendo indirectamente el trabajo de muchos ingenieros que nos dedicamos a la investigación básica de muy alta calidad.

 

¿Cuáles son sus campos de la investigación?

Básicamente, me dedico a proponer técnicas de ingeniería para que los procesadores vayan cada vez más rápidos. Durante los últimos 40 años, la tecnología de fabricación de microprocesadores, junto con nuestras técnicas de diseño de estas máquinas, han permitido duplicar la velocidad de los microprocesadores cada 18 meses. Esta constante evolución, así como el aumento equivalente o superior en la capacidad de las memorias y en la velocidad de las redes de comunicación, constituyen los elementos clave para entender lo que se ha denominado la revolución informática. Los chips con los que ahora estamos trabajando tienen 1.000 millones de transistores, frente a los 2.300 transistores que tenía el primer microprocesador fabricado en el año 1971. Pero existe un límite en la capacidad de integrar más y más transistores en un chip. Además, tenemos grandes problemas con el tema de la potencia disipada por los chips: se nos pueden quemar.

 

¿Cuál será el futuro de esa evolución?

En los próximos años, hemos de cambiar las técnicas para fabricar los microprocesadores. Ahora se diseñan de menos de 90 nanómetros, y podrían llegar a hacerse de entre 8 y 10 nanos, dentro de 15 años.

 

¿Se podrán superar esos límites?

Seguramente los avances de la tecnología actual de fabricación de procesadores tienen ya fecha de caducidad no superior a 25 años. Se necesitan alternativas a la computación clásica, basada en el silicio. Algunas de ellas son la computación cuántica, el uso de ADN para realizar ciertos cálculos, y el uso de moléculas específicas para memorizar información y, más adelante, realizar también cálculos.

 

¿Qué diferencia hay entre un supercomputador como el Mare Nostrum y uno doméstico?

Un supercomputador de los actuales está formado por muchísimos procesadores, similares a los de los computadores personales. Las características básicas de un supercomputador son varias: la primera es el número de procesadores, y la velocidad de cada uno de ellos. El Mare Nostrum tiene 4.564 procesadores, cada uno de ellos un poco más rápido que los de los computadores personales. El segundo factor es que la gran fuerza de los supercomputadores consiste en conseguir que los procesadores trabajen todos resolviendo el mismo problema. Para ello, necesitan una buena red hardware de comunicación, que permita a esos procesadores intercambiar y compartir la información a gran velocidad. Y, por último, la memoria: como cada procesador tiene su propia memoria, el conjunto es muy grande. El Mare Nostrum tiene una memoria de 9 Terabytes (cada terabyte son mil gigas), que lo ha colocado en el cuarto más rápido del mundo.

 

¿Cuál es el límite?

Se podrían poner aún más procesadores, y más rápidos, pero el gran problema está en cómo programarlos para que todos ellos colaboren. Hoy en día existen pocas aplicaciones que permitan usar un gran número de ellos de forma eficiente. Hay mucha investigación orientada a resolver este problema de escalabilidad de las aplicaciones.

 

¿Cómo va el proyecto Mare Nostrum?

El computador acaba de montarse en Barcelona, y ahora estamos en la fase de instalación del software. Ya se han presentado proyectos para su utilización, y habrá que desarrollar programas que aprovechen su capacidad.

 

¿Cuáles pueden ser sus aplicaciones?

Muchos campos. Por ejemplo, estudiar cómo se pliegan las proteínas, algo básico para entender las enfermedades y, por lo tanto, para intentar curarlas. O la energía eólica, algo que en Aragón explotamos mucho: se pueden programar modelos de predicción de viento que harían más

eficiente la red eléctrica. También diseños de fármacos, coches y aviones, nuevos materiales... El supercomputador es como un microscopio o un telescopio: una herramienta que nos ayudará a observar lo que hasta ahora no podíamos.

 

Con tanto trabajo, apenas le quedará tiempo para escaparse a su pueblo natal, Alfamén.

No, estamos a tres horas en coche, y no suelo faltar a las fiestas, a la cena de mis quintos o a otros actos sociales. Allí tengo a mi madre, a mis dos hermanos y los amigos de la infancia con los que me gusta estar el mayor tiempo posible. Me gusta mucho ir a Alfamén, es donde mejor estoy. Eso no quiere decir que esté mal en Cataluña, que es donde he hecho mi familia, he realizado mi carrera docente e investigadora, y donde siempre me he sentido como en casa. Quiero decir una vez más que, de todos los premios que me han concedido, del que más contento estoy es de haber sido nombrado hijo predilecto de mi pueblo. La verdad es que estoy orgulloso de haber nacido en Alfamén. Allí me gustaría vivir cuando me jubile.

Fuente : MIGUEL ANGEL ORDOVAS. CRÓNICA CAMPO DE CARIÑENA.

 
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